Viajes

Días 74, 75 y 76, Stia

Arrancando del calor de Florencia, con Rejiane pensamos arrendar unas bicicletas y salir de la ciudad. Pasamos la semana en busca de ideas y cuando llegamos a nuestra decisión, San Donino, un pueblito a donde podíamos llegar sin tener que subir cerros, dos personas nos dijeron que no valía la pena.


Un poco cansadas de buscar un lugar fuera donde poder llegar fácilmente fuimos a la oficina de informaciones en donde nos sugirieron tres lugares y entre ellos Stia.


El viernes en la noche nos reunimos con Frugina y Mati, su marido, porque es su último fin de semana acá y quería estrechar lazos. Fuimos para variar a comer pizza!! Buena pizza, buena conversación y buen lugar cerca de la Piazza de San Lorenzo. Lo pasamos bien.



Sábado en la mañana nos reunimos con Rejiane frente a la estación de tren. Preguntamos en la oficina de información dónde tomar el bus a Stia y partimos a comprar nuestros boletos. No sabíamos a donde íbamos, solo que se veía bonito en las fotos, cerca del parque nacional ….. Pensamos alturas, menos calor, vegetación… todo hacía presagiar que era un buen lugar.


El bus demora cerca de dos horas en llegar, entre medio debemos hacer un transbordo. El camino para acá, subiendo cerros verdes, nuevamente típico paisaje de la Toscana. Hermoso , al parecer no nos equivocamos.



Al llegara Stia, dos de la tarde, un calor de locos… nos miramos con Rejiane  preguntando nos «nos habremos equivocado?» el calor era feroz, no había gente lo que nos gustó ya que Florencia está full de turistas. Buscamos un albergo, el primero, donde nos atendieron pésimo,  estaba full y el segundo, La Foresta estaba esperándonos con una pieza vacía para nosotros. Además con restaurant al lado. Tomamos la pieza y salimos a caminar.
La sorpresa es que por acá pasa el rio Arno que nace un poco más arriba. Por lo que en nuestro caminar nos encontramos con el río y decidimos andar un poco por la rivera. Nos encontramos que estaba con bastante gente, italianos que veranean en este lugar. Stia es un pueblito pequeño, famoso por la lana, hay unos abrigos que se mueren de hermosos, y por muebles de madera. Parece ser un pueblo para jubilados ya que hay muchisimos ancianos y familias con niños de vacaciones.Es un hermoso lugar.

 



Luego de nuestro andar por el río, tipo seis  media nos dió hambre así que partimos al restaurante que abre a las siete. Reservamos una mesa afuera y subimos a refrescarnos.
La comida sensacional, rica y un vino muy bueno, de lo mejor que he probado. El restaurante parece ser el mejor del lugar ya que luego paseamos por el pueblo y los otros no estaban para nada llenos. Bien atendido, las camareras amables, justo al lado de nuestro hotel. Lleno de familias italianas, gritonas que se conocen todos entre ellos. Le comentaba a Rejiane que en Komandoo, yo, que me río  bastante, se me escuchaba por toda la isla. Era al parecer la única persona que se reía por allá. Mas acá en Italia paso desapercibida.

 



Hoy domingo despertamos temprano ya que frente a nuestro hotel hay un café donde los señores retirados desde temprano se van a conversar y no digamos que despacio. Era tanta la risa y las voces fuertes que despertamos las dos. Estaban pasándolo regio. Nos levantamos, nonos quedaba otra, no podíamos seguir durmiendo. Pasamos por un café en un localcito frente a la iglesia que estaba repleto, al parecer es el mas popular de acá y emprendimos nuevamente rumbo al río. Esta vez con nuestros bikinis y todos nuestros  bártulos. Caminamos un poco y encontramos unos lugares deliciosos. 

 

 



Sentada en medio del río Arno, a la sombra de los árboles, escribo disfrutando del sonido del agua que fluye entre las piedras. La brisa tibia mueve mi pelo y mi amiga pasea por el agua disfrutando de su frescura, de seguro que el calor acá no lo sentiremos…

 

Deja un comentario