Viajes

Días 82, 83, 84 y 85, Bolonia

Si, ya se que estoy resumiendo y que ando floja para escribir pero aquí estoy nuevamente justo antes de partir hacia mi nuevo destino.


Mientras oigo los ronquidos de mi vecino, que hoy duerme acompañado y satisfecho, yo, luego de envidiarlos, decido ponerme a escribir.


El sábado, llegando a  mi hotel de Bolonia, sudada por la caminata pero ubicada, me encuentro con que al abrir la puerta me recibe una señora, alta y jorobada!! Pucha que hace siglos que no veía a una persona con joroba. O sea, después de la Tati tengo algún recuerdo vago de haber visto a otra persona igual.

 

Pasada la primera impresión mi pensamiento fue… «chuuuu donde me vine a meter» mas solo era mi primera impresión. La señora, muy amable, me indica por donde tengo que ir para llegar a mi habitación, segundo piso con terraza, mirando al oeste. Perfecto, aire acondicionado, baño propio, todo un lujo.


Mis días en Bolonia, como ya les comenté anteriormente, han sido para descansar y planiifcar el resto de este mes. Esto ha significado mucho pensar, investigar, inetertet día y noche y para no morir en el intento, salgo cada día al centro de la ciudad  para conocerla ya que no será turística pero cosas bellas tiene igual.


Con treinta grados de temperatura, y algo de brisa, muy poco turista y aun escasa cantidad de italianos, Bolonia se convierte en un placer. De construcciones donde predomina el rojo, la mayoría de los edificios tiene pórticos… como en Avda Matta (subiendo, a mano derecha) llegando a Portugal… pero obviamente harto mas fashion. Cuando fui a Verona, pasamos por algunos pórticos y en esa ocasión el guía nos comentó que se construyeron para que en invierno las personas no adineradas pudieran andar sin mojarse ya que solo los ricos tenían paraguas. Verdadero o no acá en Bolonia los pórticos están por todos lados.

 

 

Otra de las cosas interesantes es que tiene dos torres: La Due Torri que están iunclinadas. Mucho mas que la torre de pisa pero como son mas pequeñas no son tan glamorosas y no se nota tanto.

 

 Tiene parques bastante centrales a uno de los cuales he ido varias veces, ayer mientras estaba sentada con el netbook en mi falda investigando sobre mi viaje, oigo a alguien que me dice «computadore!!». Levanto la vista y veo a Césare, de setenta y cinco años, de chaqueta y corbata, sombrero y bastón.  Comenzamos a conversar, en italiano obviamente, yo siempre con mi diccionario en la mano ya que siempre hay alguna palabra que realmente no sé, ni tengo como deducirla. Viudo hace 12 años, tiene una hija y un hijo casados, tenia un gato que un día salió y no volvió mas. Aburrido, después de jubilar de un banco se dedicó a fumar. Luego de la muerte de su señora viene al parque cada mañana, regresa a almorzar y pasa la tarde aburrido viendo televisión y fumando.

 

Yo le comento que tengo treinta y cinco años!!! y que estoy casada!! Por qué se preguntarán ustedes? Porque he leído recomendaciones para mujeres que viajan solas y eso es nunca decir que viajamos solas, decir que nuestro marido, amigo, amiga nos espera en el hotel y nunca decir en que hotel estoy. Y para practicar, Césare está justo a mi lado haciendo todo tipo de preguntas. Lo de los treinta y cinco es por puro placer.


Y bueno, luego de mi hora de conversación camino en busca de la Universidad de Bolonia, tan famosa e importante. Como no ir a conocerla. Esta vez me interno por otras calles y cuando creo que estaba perdida, me doy cuenta que estoy «en medio» de la Universidad. Que no es un recinto cerrado sino dos o tres cuadras de edificios atravesados por calles, donde se mezclan las facultades, los cafés, restaurantes, las tiendas, alumnos y turistas. Actualmente esta medio vacía,las clases aun no comienzan, camino como si fuera una mas de los pocos estudiantes que están acá, una estudiante de treinta y cinco años…

 

Mañana parto rumbo a Berlin, luego Dresden y Stuttgart. Después, aun no lo sé. Mi desafío es viajar sin planificar mucho, subir y bajar de aviones y trenes, usar la res de transporte como un ciudadano más, acostumbrarme a este ir y venir y en especial no planificar, eso ha sido lo mas difícil, andar sin tener todo controlado para que la vida me vaya cantando para donde ir…sale más caro pero es lo que mi espíritu necesita.

 

 

 

 

 

 

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