Como ya saben, me vine a Dresden en tren. Anoche me acosté muy cansada y hoy me sentía muy mal al levantarme. Necesitaba dos horas más de sueño, estaba destrozada.
Pero, mi rumbo debe continuar…
Llego a Dresden a las dos de la tarde y llueve… No puedo ir a casa de Chamila ya que están en la universidad y llegan después de las siete. Que hago entonces? Primero parto a la oficina de información turística, pido un mapa y pregunto donde debo tomar el bus para llegar a la casa de mis anfitriones. Suerte la mía, pasa justo a la salida de la estación. Aprovecho de re confirmar la ruta y salgo a almorzar simplemente a un Burger King.
Bien, son dos euros por todo Dresden. Luego en el paradero reviso la lista de las estaciones, son solo tres para llegar a la que necesito. Mientras estoy leyendo y verificando una señora con su marido se me acercan preguntándome si necesito ayuda… ahh me encantan los alemanes, son tan amables. Me enamoré de este país. Con mi información lista, debo esperar cinco minutos para el bus numero sesenta y seis.
Los buses se ven siempre como nuevos, la mantención es increíble. Los trenes también y viajar temprano de seguro que van vacíos.
Llega mi bus y nos subimos todos, a la tercera estación bajo y debo caminar cuesta arriba dos cuadras. Ya con la lengua afuera, y arrastrando mi maleta pequeña pero pesada, logro llegar al edificio antiguo pero remodelado donde vive Chamila Dias. Ya en el cuarto piso, tercero para ellos ya que el primer piso nuestro es la planta baja de acá, me encuentro con Chamila y su marido.
Jóvenes ambos con un bebé de tres meses y medio. Ambos ingenieros y están estudiando en la Universidad de Dresden. Encantadores, me esperan con una comida típica de Sri Lanka. La comida deliciosa, preguntare su nombre porque se me olvido, estilo tacos mexicanos pero nada que ver jaaaa
A la mañana siguiente Chamila me ofrece su bicicleta para recorrer la ciudad. Al bajar me encuentro con la dueña de todo el edifico. Una alemana muy pero muy agradable, que tiene también contacto en la universidad. Me comenta que hay una chilena estudiando acá, que los lunes en la noche se juntan varios estudiantes con ella para hacer conversación internacional, una especie de convivencia según lo que entendí donde cada uno habla de su país. Me recomienda algunos lugares y parto feliz disfrutando del día que no esta nublado pero si fresco.
Dresden es pequeña, limpia, ordenada, con excelente agua potable bebestible, un programa full de reciclaje de basura que comienza en tu casa, tranquila, nuevamente la locomoción es excelente, bien mantenida, verde, etc.
Visito palacios y el centro. Después enfilo con la bici por la ribera del río y cicleteo hasta que me canso. Me cruzo con muchísimas personas caminando, trotando y andando en bicicleta. Muchísimas personas de la tercera edad en bicicleta para todos lados, es un placer verlos. Y lo mejor, es que los que andamos en bicicleta tenemos la preferencia. Los autos se detienen, la gente no anda por a ciclovía y menos las mamés con coches.
Mmm ahora no se si me quedo en Italia o en Alemania.
Almuerzo en la ribera del río y luego se me acerca una alemana y me pregunta si el asiento está «FREI»… es decir si está libre, no es que conozca a Frei. Finalmente terminamos conversando de nuestros países, su vida, mi viaje, etc. Ella esta de paso con sus hijas adolecentes a las que todo les da lata así que se aburrió y las dejó en el mall y se vino al río a descansar.




























