Por primera vez en mucho tiempo y esto desde antes de iniciar mi viaje, me siento tranquila. Tengo un atisbo de la paz que deseo lograr o de la sensación interna que añoro tener.
Anoche llovió toda la noche, sentir las gotas caer sobre mi carpa me hizo sentir que corrían por mi cuerpo limpiando todas mis tensiones, penas y temores.
Acostada sobre la tierra, con apenas una colchoneta, en casi directo contacto con ella, respirar aire de montaña, sentir el viento como mece las hojas de los árboles de trae paz y tranquilidad.
Como si por primera vez estuviera recuperando mi equilibrio interno, siempre, y que bruta que siempre lo olvido, en contacto con la naturaleza.
Sentada en el borde del estanque que esta a la salida de mi carpa, los peces naranjos se mueven de un lado a otro… ese es todo su universo. me hace recordar a la gente de Komandoo, los que no han salido de la isla y no conocen nada mas que su isla, o las personas en general y me incluyo, cuando vivimos solo en nuestro pequeño mundo, aproblemados por cosas a veces tan simples para unos y tan difíciles para otros… habo específicamente de mi obviamente.
Miro mi carpa, de solo tres metros cuadrados, y adentro esta llena de cosas, de a poco la iré desocupando, liberando, al igual que mi mochila y que a mi misma.
Dejar atrás las penas, la culpa, los temores, algunos sueños, el rumiar de mis pensamientos, lo que extraño… todas cosas que hacen que mi mochila aun pese mucho.
Me es difícil dejar de pensar en el futuro pero creo que hoy ya estoy dispuesta a disfrutar mis momentos, uno a uno a medida que se vayan sucediendo.















