Para salir de Roma y ver un poco más de los alrededores, ayer sábado me fui con Anna, alemana que vive en Holanda, a Montecassino.
Un poco de Historia antes de seguir.
La Abadía de Montecasino es una abadía benedictina que se encuentra sobre una colina rocosa a 140 km al sur de Roma, en la ciudad de Cassino y a unos 520 metros de altitud. Es célebre por ser el lugar donde Benito de Nursia estableció su primer monasterio, la fuente de la orden benedictina, alrededor del año 529, y por ser el lugar de varias batallas hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, esta fue la razón porque fuimos para allá con Anna.
La Batalla de Montecassino (también conocida como la Batalla por Roma) fue una serie de cuatro duras batallas durante la Segunda Guerra Mundial, peleadas por los Aliados con la intención de atravesar la Línea Gustav, sostenida por los alemanes y tomar Roma.
El 15 de febrero el monasterio, fue bombardeado por aviones estadounidenses, resultando completamente destruido. Casi todos los códices y manuscritos de un valor incalculable y obras de arte habían sido enviados por los alemanes al Vaticano y pudo salvarse lo sustancial. Dos días después del bombardeo, paracaidistas alemanes se atrincheraron entre las ruinas para defenderlas. Entre el 17 de enero al 18 de mayo, la colina fue atacada cuatro veces por las tropas aliadas. Estas acciones ocasionaron la muerte de 54.000 soldados aliados y 20.000 soldados alemanes. Eso es lo tremendo!!
En recuerdo del sacrificio de la batalla de Cassino ( 1943-1944 ), los países que tomaron parte en los combates quisieron que los miles de caídos en la línea Gustav fueran enterrados en los lugares donde han luchado. Por eso en Cassino y en los alrededores surgen algunos sagrarios militares:
Cementerio Alemán, hay 20.027 soldados caídos en combate en el sur de Italia.
Cementerio Commonwealth aloja 4.265 restos mortales.
Cementerio Polaco 1.052 restos mortales del 2°Cuerpo de Armada Polaco.
Cementerio Francés al inicio alojaba 4.600 restos mortales del Cuerpo de Expedición Francesa, ahora solamente 3.414 porque numerosos restos han sido repatriados en el postguerra.
A las diez de la mañana estábamos con Anna en la estación de tren, el viaje de ida duraba dos horas y media ya que en ese horario el tren solo hace el recorrido en que se detiene en todas las estaciones. No quedaba otra, nos tomamos ese tren y la idea era volvernos en el expreso que demora una hora y veinte. Si estábamos cansadas después de subir la colina (en bus) era mejor volver a casa rápidamente.
Así que apenas compramos los boletos corrrimos a la estación ya que el tren estaba partiendo. Con tanto apuro se nos olvidó validar los tickets. Con esto nos arriesgábamos a una multa de alrrededor de cincuenta euros cada una, pero como ni siquiera nos acordamos, sólo cuando pasó el controlador caímos en cuenta de eso. Ya se imaginarán la escena, yo tratando de explicar en italiano con mi mejor sonrisa y coquetería el motivo del olvido (olvidarse no es un motivo, sólo si la máquina no funciona o si no hay máquina para validar). Y Anna por su parte haciéndose la tonta, mirando con cara de no entender y sólo diciendo no, no, no y alzando los hombros. Luego de un rato de varios «scussi, lo abbiamo dimenticato, non abbiamo capito, no,no,no», alzada de hombros, sonrisas, ojitos y demases, nuestras estrategias dieron resultado, el controlatore nos devuelve nuestros boletos timbrados. Cuando él se retira, Anna me dice, en estos casos es mejor hacerle la tonta… y pucha que lo hace bien!!. Como sea, nos dió resultado asi que continuamos nuestro viaje relajadas.
Llegando a Cassino, verificamos horario de vuelta y averiguamos donde estaba la parada para tomar el bus a la abadía. Debíamos esperar dos horas así que nos fuimos a deambular por el pueblo. Luego de un rato llegamos a un hermoso cementerio, el de la Comonwealth. Bueno no se si tan hermoso. A mi los cementerios de encantan asi que si estoy en uno de ellos me siento en paz. Desde el cementerio se ve la abadía.
Notamos que muchas placas tenían el mismo dibujo. Al comenzar a leer, los nombres, las edades, las nacionalidades empecé a sentir una pena enorme. Jóvenes, hombres jóvenes de todas partes del mundo muriendo lejos de sus seres queridos. En batallas feroces… lo encontré tan triste, tan estúpido… gobernantes que exponen a su gente a algo tan atroz como la guerra.
Luego de haber estado en Alemania donde todo tuvo que ser reconstruido, donde se practicaron las más terribles cosas entre seres humanos, donde las bombas caían haciendo un sonido aterrador… sonido que jamás podré imaginar, Dios!!! doy gracias a Dios de vivir en Chile, tan lejos y tan seguro. Esto de conmemorar hitos de guerra por todas partes donde vayamos… o es religión o es guerra… Doy gracias porque no nos fuimos a guerra con Argentina y me apena profundamente nuestro episodio de guerra civil donde tanta gente murió que no se compara con una guerra mundial pero que nos ha dejado tan marcados.
Puedo entender también las razones de la guerra y los golpes de estado, pero no por eso me convence. Uno de mis sobrinos tiene la edad de estos soldados, no puedo, no quiero ni imaginar viéndolo ir a una guerra…
Nos encontramos con una pareja canadiense. Vinieron a ver la tumba de un familiar. Un joven que murió aquí, la tumba de él que su padre quiso venir a visitar pero murió antes de poder cumplir el sueño de verla… ellos están cerrando este círculo, iniciado tantísimos años atrás.
Conmovedor, triste… no tengo más palabras…









