Viajes

Día 158, fin de otra etapa

Sentada en el dormitorio de mi departamento en Roma, luego de mi última caminata por la ciudad, descanso un rato recordando muchos de los momentos vividos durante estos meses. Mi mochila ya está empacada y a las ocho de la noche saldré a comer con Mikaela, mi compañera de departamento, la última cena. Mañana parto rumbo a Santiago de Chile, ni más ni menos, la tierra de los geisers y la Patagonia.

Me siento tan agradecida de la suerte que he tenido, de no haber tenido (hasta ahora) ningún percance. Espero que permanezca así.
Agradecida de todas las personas que conocí, a veces sólo por unas horas pero con quienes conversamos de la vida misma. 
Agradecida de los los guías en todas las ciudades, amables, entretenidos; a la familia que me alojó en Florencia, y a la de Munich, que ganas de haber conversado más con ellos. 
Agradecida de la gente que amablemente me tomó fotos, otros con los que almorcé, algunos que conocí en un tour y con quienes al final de pasar todo un día juntos nunca nos preguntamos nuestros nombres. 
Agradecida de los ojos de Masaia y la sonrisa de Ibraheem Zaneef. 
Agradecida de los tour por Komandoo con Ali el joven. 
Agradecida de los ancianos de Komandoo las sonrisas que me brindaban cuando yo les saludaba. 
Agradecida de la inocencia y dulzura de Dhumia quien fue la primera en conversar conmigo en Komandoo.
Agradecida de la amabilidad de los alemanes y su hermoso país.
Agradecida de haberme sentido una más en Londres y sentirme en casa en Roma. 
Agradecida de la ternura de los niños de Komandoo.
Agradecida de toda la experiencia vivida y que aun no logro dimensionar. Es un tesoro que llevaré por siempre conmigo.
Agradecida de todos mis lectores a quienes espero que esta parte de la aventura les haya agradado.

Mi viaje ha cumplido cabalmente con mis expectativas, en realidad las ha superado enormemente. Yo sólo venía a hacer un voluntariado, viajar un poco y a estudiar italiano. Pero me ha mostrado todo un mundo nuevo, aprendí de mí y de las personas con las que tuve contacto. 

Aprendí de la generosidad con mis jefes al darme la oportunidad de salir a emprender esta aventura y tener la seguridad de regresar y encontrar mi trabajo de vuelta. 
Aprendí del sacrificio y el amor de una hija que cuida a su padre en precarias condiciones con Fátima, la MUJER (si, con mayúscula) quien me alojó en su casa en Komandoo y que me mostró que soy una niña mimada.
Aprendí de cuánto podemos adaptarnos a las condiciones de vida adversas con toda la gente de Komandoo.
Aprendí cómo las mujeres viven una religión y una vida y una realidad tan diferente a la mía.
Aprendí que no le tengo miedo a las ratas.
Aprendí del amor de Maain, una niña que necesita mucho mas amor del que le entregué.
Aprendí de la ternura de Zeena, la sonrisa de Madeeha, la seguridad de Rashida  y la responsabilidad de Hilma.
Aprendí del amor de la amistad y de que las diferencias de cultura no son nada con Gadha.
Aprendí que siempre llega el apoyo y la compañía justo cuando se necesita con Kolitha, mi amigo el ingeniero de Sri Lanka.
Aprendí del coraje que significa pasar los años de juventud sin tu madre y en un país extranjero con Rejane.
Aprendí que es rico viajar en pareja con Fruzina, Christiana y sus parejas. Y ahora al final con Javier y Dania.
Aprendí de la generosidad de Chamila y su marido al abrirme las puertas de su casa sin conocerme.
Aprendí un poco más del amor madre e hija con mi madre.
Aprendí del esfuerzo de Masago, Tomoyo y Miki de Japón al tratar de aprender un idioma que tiene sonidos que jamás oyeron.
Aprendí a salir a cualquier parte de noche sola con Iris y Michaela.
Aprendí que existe la vida más allá de la pareja con Ana, Michelle e Isabel.
Aprendí a hablar con medio mundo.
Aprendí a hacer el ridículo.
Aprendí a sentirme ciudadana del mundo.
Aprendí que me encanta conocer personas, de nacionalidades diferentes, culturas distintas, realidades diversas y lo mas fascinante, la diversidad de idiomas.
Aprendí a vivir… a ver… a aceptar… 
Aprendí lo afortunada soy al saber que puedo volver a casa y tengo personas amadas esperándome.
Aprendí de que madera estoy hecha y que me queda un gran camino por recorrer…

Aprendí que el mundo entero espera por mi.
IN BOCA AL LUPO!!

 



Ahh y si, aprendí a hablar italiano. 



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