Viajes

Días 159 y 160, rumbo a Santiago

Despierto temprano para preparar mi salida. Ayer dejé mi mochila lista y el aseo hecho.
Mikaela se quedó dormida, nuestra salida a comer anoche fue un poquitín regada, vino blanco y limoncello con abundantes pastas. 

Una vez lista me despido de mi amiga con un gran abrazo, me pongo la mochila, catorce kilos de cosas. Pesa, pero como solo debo caminar una cuadra hacia el metro no me importa, ilusa yo…
Luego mi bolso de mano que es mi otra mochila llena a más no poder de mi ropa. Finalmente mi bolso con el computador y el resto de mis cosas para entretenerme en los aeropuertos y el avión.
Salgo tranquila, el día anterior compré mi pasaje desde la Estación Termini de trenes al aeropuerto por lo que sólo debo llegar al andén donde sale el tren Leonardo Express.
 
Nunca, nunca pero nunca me acuerdo que transpiro como loca y lógicamente el metro rumbo a Termini está lleno de gente, cerrado y yo abrigada con guantes, gorro, bufanda, medias y mi mochila al hombro comienzo a sudar. Como voy con mis manos ocupadas no tengo como sacar pañuelos desechables. Empiezo a sentir como las gotas corren por mi frente hacia mis ojos, el pelo de mi nuca comienza a mojarse y mi cuerpo también, de arriba a abajo. Horror y yo que salí maquillada, pelo lavado, fresca, de vestido para viajar mas cómodamente y abrigada porque hace frío y en los aviones también me da frío.

Uff lo único que puedo hacer acá es sacarme el pañuelo del cuello y los guantes. Luego en Termini me quito la mochila de los hombros y decido arrastrarla. Pregunto por el andén del tren y para mi desgracia es el número 28!! y yo estoy en el andén número 19. Camino arrastrando mi mochila que salta y se mueve de lado a lado golpeándome los talones. Cada cierto rato me detengo para tomarla de un nuevo modo, que nunca se siente cómodo. Debo caminar, por lo que me doy cuenta, como tres cuadras hasta el andén correspondiente. En un último intento, agotada a más no poder, la tomo en brazos y con mi cuerpo cubierto de sudor llego justo unos minutos antes que el tren parta, a validar mi pasaje y subir a buscar un asiento.

Ya sentada me saco todo mi cargamento y con pañuelos desechables comienzo el proceso de secado y reacomodamiento de mi persona. Siempre digna, ya saben.

Al llegar al aeropuerto, decido ponerme la mochila al hombro en vez de arrastrarla y camino en busca de mi counter. Una vez ahí, la envuelvo en plástico y la mando directo a Chile, que alivio sacarme la carga.

Entro temprano hacia la zona de embarque, me entretengo un rato en la duty free pero sin comprar, eso me toca en el aeropuerto de París donde debo esperar cinco horas para mi conexión a Santiago. 
Ya en París, con cinco grados de temperatura el trámite de policía internacional es rápido, esta vez con pasaporte chileno y me voy rápidamente a la zona de embarque. Como algo, no mucho para no hincharme como en el viaje de venida que fue súper incómodo. Compro unos encarguitos, ultimas golosinas y me siento al costado de la puerta de embarque que está vacía.
Poco a poco comienza a llegar gente, rostros «chilenos» que no he visto en tantísimos meses y cuando comienzo a escuchar las conversaciones y el acento, un malestar me invade y no se cuál es. Al rato me digo: «Ohh no quiero oír este acento, quiero otros idiomas!!!» Esto me hace dar cuenta que en verdad la aventura fuera de Chile está terminando y sigo sin ganas de volver.

Asumida, leo, me paseo, escucho… sin mucha atención, solo para ir acostumbrándome. 
Ya rumbo al avión, delante mio oigo a tres compatriotas hablando entre ellos con el más burdo lenguaje de nuestro país, horror!!! Yo que ruego porque no me toque un bebé cerca mio, ahora ruego porque sí me toque un bebé y me deje lejos de esta realidad demasiado pesada para asumirla hoy día… demasiado «shi gua»!! como para una bienvenida.

Mi vuelo perfecto, de compañero me toca a un chileno que vive en Japón, trabaja en una salmonera y que en total viajará treinta horas para llegar a Santiago y luego a Puerto Montt… ese si que es un largo trayecto. Nos venimos conversando todo el camino, mas bien los momentos que estuve despierta, me regala unos apuntes con un curso de japonés, lo que me encanta.

Ya en Santiago lo primero es prender mi teléfono. Llegamos con una hora de retraso y mis padres están esperándome en algún lugar.
Policía Internacional está repleto así que la espera se hizo larga y más aun la recogida de la maleta pero es ahí donde me encuentro con mi papá que había logrado entrar y nos damos y gran abrazo apretado. Él siempre es feliz de volver a verme, ya sea que me ausente una semana o seis meses. Es tan rico este reencuentro. Afuera mi madre me espera con otro gran abrazo y partimos rumbo a su casa donde me quedaré unos días para comenzar mi proceso de adaptación y el reencuentro con hermanos, sobrinos y luego de unos días el Fede.











 
 
 
 

Deja un comentario