Duermo feliz, a pata suelta. La noche anterior dejé el despertador puesto a las ocho de la mañana para no saltarme el desayuno asi que tranquila descanso como hacía tiempo no lo hacía. A las seis de la mañana suena mi despertador… el otro despertador!!! se me olvidó eliminar la alarma. Molesta me levanto a buscar el sonido ya que no recuerdo dónde lo dejé. En el intertanto me doy cuenta que está amaneciendo y el sol está apunto de salir justo frente a mi ventana. Rauda corro a buscar la cámara y salgo a disfrutar este regalo…
De pie en la terraza de mi cabaña respiro este día que será cálido, el sonido de las pequeñas olas que llegan a la orilla se siente claro ante tanto silencio. A lo lejos grandes olas que rompen contra el arrecife, me saludan con su eco. EL cielo de poco comienza a aclarar y se va tiñendo de colores cálidos. Respiro feliz, feliz por mi vida… Hoy más que nunca creo que toda ella es un premio.
Tranquila me levanto para ir al desayuno, mi estómago reclama porque ayer no le di de comer y como ya salí de Komandoo ha vuelto a clamar por alimento sabiendo que los sabores de acá le son conocidos… Decido ir caminando por la playa, apenas bajo de mi cabaña encuentro una manta raya que me saluda con su nado. Obviamente le digo buenos días, no sería yo si no le hablara.
Después del desayuno decido salir a recorrer la isla y ver que actividades hay para hacer. Espero además conocer a las otras dos voluntarias que estarán aca, al igual que yo, disfrutando sus últimos días.
Visito las dos las tiendas de souvenirs y luego me apunto para un city tour a Male para mañana jueves en la tarde, una mañana de snorkeling para el viernes, pedicure hoy día ya que mis pies han sufrido mucho y masaje el sábado. Una actividad diaria para salir del sector de mi cabaña ya que con el mar a mis pies me quedaría acá todo el día y sólo saldría a comer, pero necesito gente, no quiero estar sola.
En la mañana tomo sol, pega fuerte por lo que me iré con calma. Quiero emparejarme ya que estou quemada «a lo camionero». Entre sol y nado paso mi mañana y en la tarde nada de nada. Duermo y luego me instalo fuera de mi cabaña a escribir. Siento que tengo mucho que decir pero aun no es mi tiempo por lo que de a poco mis palabras van saliendo, vivencias, reflexiones, etc. Veo que el agua se mueve y de improviso un tiburon bebe está justo a la orilla de mi escalera. Bajo muy silenciosa, entro al agua y sigue ahi, al rato aparecen dos más, tan inofensivos que me dan ganas de tocarlos. Pero como ni se que dientes tienen o no tienen prefiero solo sacarles fotos. Por lo que he leido, es comun verlos aca, especialmente en el atardecer.
Estoy echando de menos a las chicas. Tanto tiempo con ellas que ahora este momento de paz y soledad conmigo me suena extraño. Yo que acostumbro a andar buscando la soledad, hoy prefiero la compañía. Hoy es el concierto, para el que bailé mucho. Mis amigas me llaman y están ajetreadísimas, también extrañándome. Creo que no nos olvidaremos unas de otras. Esto de formar lazos y luego dejarlos es algo que necesito aprender a manejar si quiero seguir haciendo esto, viajando y conociendo gente, dentro de su cultura. Nunca sabré que tanto afecté la vida de estas personas, y aun no dimensiono cuanto ellos y ellas afectaron la mía y la cambiaron. No soy la misma de cuando llegué, es obvio, pero aún no se en qué aspectos he cambiado…










me gustó mucho: » Respiro feliz, feliz por mi vida… Hoy más que nunca creo que toda ella es un premio.»
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