Seis de la mañana y me apresto rauda a levantarme. A las siete y cuarto debo estar en la estación. El paseo de hoy es a Cinque Terre que promete belleza y ejercicio.
Anoche logre hacer mis «tareas» ya que he andado solo patiparreando y la idea es aprender!!
En la estación nos juntamos con nuestra guía de la agencia Florence for Fun. Con Regiane una vez más, nos unimos a un grupo de quince estudiantes, todos de diferentes escuelas.
El viaje hasta Cinque Terre tarda dos horas y media. Vamos rumbo al nor oeste de Italia, en la costa. Este es un territorio protegido por la Unesco. Son cinco pequeñas villas situadas en los acantilados de la costa. Nuestro tour propone caminar desde una villa a la otra aun cuando se puede ir en tren, pero la vista es la que hace de esta caminata sea valiosa. Desde la villa numero cuatro a la numero cinco iremos por ferry.
A las diez y treinta de la mañana llegamos a Romaggiore, luego de comprar un café que nos da la posibilidad de ir al baño, estamos todos prestos a partir. Paseamos por la villa que expele su atmósfera italiano por donde se le mire. Una vez que recorremos debemos decidir si haremos la caminata -hikking- o deseamos ir a la playa. Diez de nosotros, los valientes, nos iremos de hikking por lo que tomamos el tren rumbo a la siguente villa ya que el trayecto está cerrado, en reparaciones.
Llegamos a Manarola donde debemos subir trescientos sesenta y cinco escalones para llegar a la villa. A mi se me ocurrió comprobar si en efecto es esa cantidad, por lo que concentrada comienzo a subir. Debo reconocer que mi estado físico está mas o menos, pero esto de contar me sirvió para llegar a la cima sin problemas. Son trescientos setenta y seis escalones. Luego de visitar nuevamente la villa emprendemos el primer hikking, simple de treinta minutos. Cada cierto tiempo me detengo a mirar el paisaje. El calor, el agua transparente, los acantilados y el color de cada villa hacen de este paisaje algo hermoso.
Llegando a Corniglia, nos detenemos a almorzar. En la plaza de la villa disfruto, en honor e mi madre, unos gnocci al pesto con una copa de vino blanco. Carbohidratos para tener energía!! Ya con el estómago feliz y el corazón también nos preparamos para iniciar nuestro camino. Con una botella de dos litros de agua hecha hielo en mi mochila y la cámara en mano parto rumbo a Vernazza.
A los cinco minutos estoy con la lengua en el piso. Mi corazón palpita a mil, y mis piernas comienzan a sentir el efecto de las cervezas, pizzas, gnoccis, paninis que he comido en estos días. No es que el trayecto sea tan tremendo, pero en su mayoría son escalones en piedra, todos disparejos, mucho mas altos que lo normal y… ya se que me estoy justificando por mi estado físico. Mis piernas y glúteos trabajan a full, mis pulmones hacen lo suyo para brindarme el oxigeno suficiente para no pasar vergüenza y la guia, como si nada.
Digna y feliz por estar quemando calorías logro hacer mi trayecto. Una hora de sudor corre por todo mi cuerpo, espero llegar a Vernazza para bañarme en el mar.
Cada pueblo es mas hermoso y más grande que el otro. Todo mi esfuerzo se ve cien por ciento recompenzado. Cuenta la leyenda que las casas están pintadas de diferentes colores porque así los pescadores que vivían acá, cuando estaban mar adentro, podían distinguir su villa por el color, e incluso sus casas. Verdadero o falso yo decido creer ya que eso aumenta más aun la belleza del lugar.
Agotada, ya en la villa sacamos fuerzas de flaqueza y nos dirigimos, con Regiane, a recorrer y a visitar las tiendas, obvio. Luego, el mar que le regala a mis piernas y en especial a mis pies, un delicioso golpe de frescura y sal. Imaginé, no se de dónde, que el agua iba a ser tibia. Se que jamás como en las Maldivas pero no se en qué anda mi cabeza que quedé con esa sensasión. Bueno, helada no es, pude nadar y nadar y nadar.
Mis piernas que ahora tiritan en cualquier posición gritan por el ferry que nos llevará a nuestro último destino, el que llega a las cinco de la tarde. Una vez más en el mar. Estos meses han sido solo de eso, como para curarme de los mareos. Hoy ya sé que puedo viajar tranquila, tanto así que aconsejo a una de mis compañeras de viaje qué hacer para no marearse. Yo que cuando pequeña no podía ni andar en micro porque a las dos cuadras debíamos bajarnos ya que yo estaba mareada, buscando algún limón para chupar en alguna parte, hoy me veo dando consejos!!
Llegando a Monterroso, vemos unas sirenas de ambulancia. Intrigados porque pensamos que sucedió algo todos ponemos atención. Esta villa es la mas grande de todas. Al acercarnos caemos en cuenta que es una competencia de nado y vemos como se acercan los competidores cual cardumen de jureles pasando cerca de nuestro ferry.
Luego de un paseo por la villa, volvemos a Florencia en tren, yo subo a él dispuesta a dormir todo el camino soñando con la ducha y mi cama.























¡Mardita! Sigue sufriendo nomás…
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